Por Sofía Wachler
Los consorcistas son rehenes de los administradores de consorcios -menos mal que la Legislatura porteña acotó sus funciones, pero sobre todo de los porteros que no cesan de abusar de sus privilegios, imponen sus propias reglas y lo que es peor se ganan permanente el odio y la condena de todos, no sólo porque cada vez ganan más, sino que como es fácil de comprobar, trabajan menos. Casi una regla en todas partes...