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17-09
2010

Una escalera entre el mar y la ciudad

Fuente: Clarin
Una escalera entre el mar y la ciudad
Con el proyecto Terrazas Bunge, en el centro de Pinamar, el estudio Moscato-Schere buscó diferenciarse de la tipología clásica de torre exenta de viviendas sobre basamento comercial. En cambio, idearon un volumen unitario con una relación más ambigua y sutil entre ambos programas. La solución consistió en generar una transición volumétrica escalonada –literalmente– entre los sectores privados y públicos, que intenta disolver esta dicotomía.

El edificio está ubicado sobre la avenida Bunge, la principal arteria del balneario, eje transversal que sirve de acceso desde la ruta Interbalnearia hacia la playa, y donde se concentra el grueso de la oferta comercial y de servicios de la ciudad. “Un alineamiento de edificios que responden a distintas normativas que forman un evento urbano de gran atracción comercial”, según la definición de los proyectistas.

Sin embargo, casi toda la actividad comercial y gastronómica se concentra en la vereda norte de la avenida. En cambio, la vereda sur, donde se levanta Terrazas Bunge, en la cuarta manzana desde el mar, está mucho menos construida; de modo que el edificio aparece liberado y con vistas mucho más francas hacia el mar, ya que en esa vereda sur no hay casi edificios en altura que obstruyan la visual.

El programa, en sintonía con la normativa urbana, pedía seis niveles de vivienda, un basamento con locales comerciales y de gastronomía y cocheras en el subsuelo. Con el fin ya mencionado de conseguir un edificio con un único lenguaje volumétrico y sin separación visible entre el bloque comercial y la torre, se diseñó –según explica Ramiro Schere– un escalonamiento en el cual el basamento funciona como el primer escalón. Esto se completó –según aclara Rolando Schere, padre de Ramiro– con otra operación de lenguaje: el uso de bandas horizontales de hormigón y vidrio para amalgamar las tipologías.

El escalonamiento sirve también para generar visuales al mar –un requerimiento básico en cualquier proyecto en una ciudad balnearia– gracias a una serie de terrazas, cada una de las cuales balconea sobre la inmediatamente inferior. De todas formas, tres de las caras del edificio cuentan con balcones y terrazas corridas: “Se ubicaron expansiones en las esquinas para aprovechar las vistas transversales, también para alivianar la masa construida en los puntos en que esta se ensancha”, explica Rolando.

En cambio, al fondo del lote, donde el terreno se empieza a ondular y el edificio se incrusta en un médano, se ubicó la cara más ciega , coincidiendo con los núcleos y áreas de servicios. Esta dualidad del emplazamiento expresa también la de Pinamar, con su centro comercial en crecimiento permanente.

El edificio adopta a la forma puntiaguda del terreno, y de hecho, en la punta se ubicaron las terrazas escalonadas. Por eso, las unidades con esa orientación son las más variables y sus núcleos de servicios se achican a medida que se sube. Desde el punto de vista estructural, esto se resolvió con una losa sin vigas en la que se van moviendo los paneles. Sus escalonamientos definen el carácter icónico del edificio como una pieza singular en la estructura urbana de Pinamar. “La idea –admiten los proyectistas– es que sea un hito de la ciudad”.

Sobre la vereda de la avenida, donde hay franjas verdes de 30 metros entre la edificación y la calzada, el espacio parquizado frente a Terrazas Bunge ya se usa como expansión de los locales de gastronomía, como es habitual en la vereda opuesta. En tanto, sobre la bocacalle, Jonás, se ubicaron los accesos peatonal y vehicular a los sectores privados.

FUENTE: Clarín
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