En contexto eleccionario, todos los sectores de la economía toman sus recaudos a la hora de planificar, aunque esto sea en el corto plazo.
El
mercado inmobiliario, uno de los termómetros económicos más importantes, no escapa a esta situación.
Si bien los empresarios toman sus recaudos a la hora de pronosticar, el nivel de ventas es alentador y no muestra temor entre los clientes frente a la incertidumbre del panorama político/económico. De hecho, datos del Colegio de
Escribanos de
Buenos Aires, por ejemplo, indican que la compraventa de
inmuebles en la ciudad creció 2 por ciento comparado con el mes anterior.
“Creo que las elecciones influyen en muchos aspectos. En primer lugar, porque sea quien sea el que gane, tiene un manojo de problemas que resolver: inflación, dólar atrasado, gasto descontrolado, tarifas subsidiadas, falta total de
inversión.
En segundo, porque es muy difícil que el
negocio inmobiliario funcione en un esquema de alta inflación y dólar atrasado, pues una suba del dólar puede traer en corto plazo una baja de los inmuebles en esa moneda, por lo cual no hay apuro para comprar”, explicó Tomás Grondona, de Grondona y Asociados.
Todos coinciden en que el nivel de ventas a lo largo de 2011 fue sostenido. En este sentido, esperan que en el segundo semestre los activos de una buena cosecha del
campo sigan volcándose hacia los ladrillos como lo hicieron en la primera etapa. “Afortunadamente el 2011 arrancó de manera muy activa, seguramente impulsado por la expectativa de buenos rindes en las cosechas del campo y el hecho de que el dólar se encuentre bastante planchado. Existe un optimismo generalizado que se plasma tanto en inversores como en particulares”, opina Marcelo Roggio, de Sergio Roggio Resorts.
Para el ejecutivo, las elecciones afectarán al
mercado inmobiliario pero no lograrán desestabilizarlo. “Los argentinos ya estamos acostumbrados a la incertidumbre, por lo que son pocos los escenarios que nos puedan generar temor o resguardo”, agregó.