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| PENSAMIENTO INMOBILIARIO |
Somos concientes sin embargo, que crecimiento y desarrollo no son sinónimos. Mientras el primero se define por incrementos cuantitativos, la noción del desarrollo se asienta en factores cualitativos que pueden acompañar o no, esa dinámica. Y, si bien tanto la economía como la actividad inmobiliaria han crecido fuertemente en el último lustro, una y otra presentan asignaturas pendientes en lo cualitativo para afianzar su crecimiento en orden a un desarrollo sustentable y sostenido.
TRASFONDO
Aún cuando casi "de esto no se habla", detrás de escena sabemos bien que el desarrollo no se da espontáneamente. Supone llevar adelante un proceso que demanda pensar realmente en lo privado desde lo público, pero también en lo público desde lo privado; re-pensar nuestra labor; articular reflexión, decisión y acción en consensos, tácitos o explícitos, entre todos los actores del sector.
Un proceso que lleva una doble orientación. Por una parte se trata, efectivamente, de consolidar la actividad inmobiliaria como un factor de desarrollo para el mejoramiento de la calidad de vida de nuestras comunidades, conjugando simultáneamente esta acción en tiempos presentes y futuros.
Paralelamente hacia adentro, y tanto a nivel individual como de sector, implica afianzarnos en una senda de incremento sostenido del profesionalismo, la calidad y por ende, de la competitividad con que operamos, requisitos ineludibles frente a mercados dinámicos, cambiantes y globalizados.
Tres grandes ejes, íntimamente vinculados, pautan la agenda de ese proceso pendiente:
- articular una acción intersectorial sistemática y continua, consolidando circuitos eficaces y sustentables entre las fases de las políticas urbanas y territoriales ; de la financiación intermedia y final ; de la producción inmobiliaria, y la de su comercialización.
- abrir los mercados: profundizando nuestra visión empresaria, quebrando la inercia cortoplacista; animándonos -con rigor profesional- a estrategias de mediano y largo plazo, al riesgo de la innovación en temáticas, tipologías, diseño, localizaciones, modos de gestión y financiación.
Hoy, nos auto-limitamos a trabajar una gama acotada de productos, en pocos sitios y para un 10 al 15% de la población; en tanto, no menos de otro 45% aún espera respuestas. Desde el exterior esto se ve claramente, y se anuncia así el arribo de grupos empresarios españoles, ingleses, brasileños... ¿Cuántas oportunidades de negocios nos aguardan, si aplicamos una mirada estratégica, más abierta, más creativa, para imaginar esquemas alternativos a los que hoy condicionan nuestros mercados?
- construir el territorio de la especificidad disciplinaria: El espacio profesional de la actividad inmobiliaria es un conjunto articulado de conocimientos provenientes de diversas disciplinas (economía, arquitectura, marketing, legales, etc.). Pero "el todo es más que la suma de las partes", y la interacción de esos elementos bajo una nueva lógica disciplinar da lugar a conocimientos y enfoques inéditos.
Crecer en profesionalismo no implica tan solo pues, incrementar nuestra capacidad operativa para construir y comercializar propiedades. Crecer en profesionalismo es además, ser capaces de articular un pensamiento, una mirada propia -como sector y desde aquel conjunto de saberes- sobre los fenómenos sociales, económicos y territoriales, capaz de enriquecer el diálogo entre las diversas visiones de la sociedad con vistas a su desarrollo.
En gran medida, nos debemos aún la generación de respuestas a estas temáticas, surgidas de la creatividad y la sinergia en la práctica, del análisis crítico sobre el hacer, de una investigación sistemática que trascienda lo coyuntural para avanzar en la construcción conjunta de esos saberes específicos y compartidos que permitan profundizar el desarrollo individual y del conjunto.
CUESTION DE FONDO
La idea de repensar la actividad inmobiliaria desde una perspectiva integradora es apasionante. Porque implica finalmente, hacer foco en el desarrollo urbano, pensar ciudad.
Y ciudad, y lenguaje "son las máximas creaciones de la humanidad" señalaba Lewis Mumford. Ambas, producciones culturales colectivas, sistemas vivos, siempre cambiantes y siempre idénticos a si mismos. Sistemas abiertos, capaces de dar lugar a infinitas voces individuales dentro de discursos plurales construidos a través de consensos y disensos a lo largo de siglos
La ciudad en si misma es, además, una forma particular de lenguaje, mediante el cual cada sociedad sintetiza, materializa y re-presenta el juego cambiante de sus equilibrios internos, sus estructuras, su cultura, sus valores. Texto y contexto a la par, el ambiente urbano carga la memoria colectiva de lo que esa comunidad fue, lo que es, y su visión de futuro en términos de desarrollo y calidad de vida.
Este es el fondo de toda acción inmobiliaria. Fondo, en tanto objeto y objetivo: como telón y escenario, que sustentan y encuadran la escena dándole sentido; y fondo a la vez, en términos de finalidad, de esencia.
Aún cuando trabajamos sobre recortes (físicos y temáticos) de esa realidad, la cadena de valor íntegra de la actividad inmobiliaria opera sobre un patrimonio común inagotable en términos culturales, pero absolutamente acotado en lo físico-espacial. En cualquiera de los roles en que nos toque actuar -como desarrolladores, comercializadores, analistas, etc.- no podemos perder nunca de vista pues, que estamos operando sobre el espacio urbano, sobre el "oikos" como dirían los griegos : la "casa de todos".
No hablamos aquí de un voluntarismo casi ingenuo. No se trata tampoco solo de un planteo ideológico o técnico desde el urbanismo. En un entorno de negocios como el inmobiliario, estamos hablando claramente de hacer más, y a la vez "mejores" negocios. De asumir cabalmente que en el contexto de economías crecientemente interdependientes, el éxito individual depende, cada vez más, de un entorno también en desarrollo:
Gestionar con sensatez ese patrimonio común es una clave central para la evolución del negocio; pero es, al mismo tiempo, el imperativo ético, la responsabilidad social primaria e irrenunciable de toda actividad inmobiliaria.
Porque promoviendo un uso u otro para un sitio, incidimos indefectiblemente sobre el desarrollo futuro de su área de influencia; fijando valores que posibilitan o restringen alternativas, ignorando o revalorizando edificaciones individuales o barrios completos…: por acción u omisión, concientes o no de ello, de manera cotidiana cada actor inmobiliario está haciendo ciudad.
Marcelo G. Satulovsky* para ReporteInmobiliario.com.
* Arquitecto, Master en Dirección de Empresas Constructoras e Inmobiliarias, Consultor en Desarrollo Urbano e Inmobiliario.
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