El economista del IERAL de la Fundación Mediterránea, Nadín Argañaraz, habla del "Colchón Bank" para referirse al reinado de las operaciones en efectivo y de contado en el
sector inmobiliario. ¿De qué se trata? Ni más ni menos que del origen del dinero que se utiliza para comprar casas y
departamentos, que todavía sigue siendo el que se tenía ahorrado o el que se destina a inmuebles porque su dueño no avizora otra opción de inversión más rentable.
Desde la Cámara de Corredores
Inmobiliarios, Mario Toledo, ratifica que cerca del 80 por ciento de las operaciones del área se hacen al contado: "Todavía es casi nulo el efecto de las líneas de crédito hipotecarias que promocionó el gobierno", dice a modo de explicación.
Este escenario explica por qué creó inquietud entre los inmobiliarios y los empresarios de la construcción la idea que baraja el Gobierno nacional de prohibir el uso de efectivo en la compraventa de inmuebles. Si bien admiten que se facilitará la transparencia y se aumentaría la recaudación impositiva, están convencidos de que afectará la dinámica de la actividad.
Un sondeo en el sistema financiero cordobés establece que, pese al acento que la administración kirchnerista puso en los hipotecarios "para inquilinos", los créditos siguen estando en un promedio de 60 mil pesos y se usan para completar los ahorros con que se cuentan para cerrar la operación.
"Es ínfima la cantidad de gente que puede comprar una propiedad con lo que le presta un banco. En la mayoría de los casos sólo alcanzan a cubrir la mitad del valor, el resto lo tienen o bien hacen una operación calzada: venden la casa en que viven y compran otra", desliza un corredor inmobiliario de amplia experiencia en Córdoba.
La presunción de que la ley en análisis podría enfriar el mercado se fundamenta en el alto nivel de operaciones cash. Desde los bancos las explicaciones sobre por qué el otorgamiento de créditos sigue estancando apuntan a que la relación ingresos/monto pedido no cierra. Los solicitantes ganan por debajo de lo necesario como para tomar los cien mil pesos que, la mayoría, reclama. Esa cifra equivale a un pago de mil pesos por mes.
El otro gran obstáculo es el nivel de endeudamiento de los que gestionan los préstamos. Los bancos siguen sin querer aceptar a quienes figuran en las centrales de riesgo, como Seven o Veraz, con lo que buena parte de la clase media no está en condiciones de llegar a buen puerto con el trámite.
Horacio Parga, miembro del Centro de Estudios de
Desarrollistas Inmobiliarios, admite que las nuevas líneas hipotecarias fueron "más ruidos que nueces" y subraya que el financiamiento que realizan las propias
constructoras está lejos de determinar que la demanda media pueda volcarse al mercado: "Hacen falta préstamos bancarios", sintetiza.
De todos modos, rechaza que el sector vaya a desacelerarse. Confía en que el nivel de operaciones se mantendrá de la mano de quienes calzan sus compras y ventas o de los inversionistas. A más largo plazo otra puede ser la historia.