Pocho es el propietario de un bar (o cualquier café como los del Capítulo 3 “Cinco Lecciones de Finanzas en la Mesa del Café” del libro “Evaluación de
Proyectos Inmobiliarios” de Mario Gómez y David Tisocco www.brediciones.com). Pocho compró el comercio con un préstamo bancario. Como es natural, quiere aumentar las ventas, y decide permitir que sus clientes, la mayoría de los cuales son alcohólicos desocupados, beban hoy y paguen otro día. Va anotando en un cuaderno de “fiado” todo lo que consumen cada uno de sus clientes. Esta es una manera como otra cualquiera de concederles préstamos.
Nota: Pero en realidad, no le entra en caja ningún dinero físico.
Muy pronto, gracias a la difusión boca-oído, el bar de Pocho se empieza a llenar de más clientes. Como sus clientes no tienen que pagar al instante, Pocho decide aumentar los beneficios subiendo el precio de la cerveza y del vino, que son las bebidas que sus clientes consumen en mayor cantidad. El margen de beneficios aumenta vertiginosamente.
Nota: Pero en realidad, es un margen de beneficios virtual, ficticio; la caja sigue estando vacía de ingresos contantes y sonantes.
Un empleado del banco más cercano, muy emprendedor y que trabaja como oficial de créditos a pymes, se da cuenta de que las deudas de los clientes del bar son activos de alto valor, y decide aumentar la cantidad del préstamo a Pocho. El empleado del banco no ve ninguna razón para preocuparse, ya que el préstamo bancario tiene como base para su devolución las deudas de los clientes del bar.
Nota: ¿Van tomando la dimensión del castillo de naipes?
En las
oficinas del banco un grupo de especialistas en derivados convierten estos activos bancarios en "bebida-bonos", "alco-bonos" y "vomita-bonos" bancarios. Estos bonos pasan a comercializarse y a cambiar de manos en el mercado financiero internacional. Nadie comprende en realidad qué significan los nombres tan raros de esos bonos; tampoco entienden qué garantía tienen estos bonos, ni siquiera si tienen alguna garantía o no. Pero como los precios siguen subiendo constantemente, el valor de los bonos sube también constantemente.
Nota: El castillo de naipes crece y crece y no para de crecer, pero todo es cháchara; no hay detrás solidez monetaria que lo sustente. Todo son "bonos", es decir, papelitos que "representan" tener valor siempre y cuando el castillo de naipes se sostenga.
Sin embargo, aunque los precios siguen subiendo, un día un evaluador de riesgos financieros que trabaja en el mismo banco (al que, por cierto, despiden pronto a causa de su pesimismo) decide que ha llegado el momento de pedirle a Pocho que pague su préstamo bancario; y Pocho, a su vez, exige a sus clientes el pago de las deudas contraídas con el bar. Pero, claro está, los clientes no pueden pagar las deudas.
Nota: ¡¡¡Porque siguen sin tener ni un centavo!!! Han podido beber cada día en el bar porque "se comprometían" a pagar sus deudas, pero el dinero físico no existe.
Pocho no puede devolver sus préstamos bancarios y entra en quiebra.
Nota: Y Pocho pierde el bar.
Los "bebida-bonos" y los "alco-bonos" sufren una caída de un 95% de su valor. Los "vomito-bonos" van ligeramente mejor, ya que sólo caen un 80%.
Las compañías que proveen al bar de Pocho, que le dieron largos plazos para los pagos y que también adquirieron bonos cuando su precio empezó a subir, se encuentran en una situación inédita. El proveedor de vinos entra en quiebra y el proveedor de cerveza tiene que vender el negocio a un competidor.
Nota: Porque los proveedores de vinos y cervezas también le fiaban a Pocho, creyendo que estaban seguros de que cobrarían con creces al cabo del tiempo. Como no han podido cobrar dado que el dinero no existe, la deuda de Pocho se los ha comido a ellos.
El gobierno interviene para salvar al banco, tras conversaciones entre funcionarios del gobierno y líderes de los otros partidos políticos. Para poder financiar el rescate del banco, el gobierno introduce un nuevo impuesto muy elevado ¡que pagaremos los abstemios!!!!
Nota: Que es lo que de verdad ha pasado. Con los impuestos de los ciudadanos inocentes, los gobiernos han tapado el agujero financiero creado por la picardía (o estupidez) de los bancos.
Fuente: Alberto Reynaud, Docente de la Especialización en Desarrollo de Emprendimientos – Cámara
Inmobiliaria Argentina