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Voces de Especialistas
21-04
2010

¿La construcción, puente entre la bonanza financiera y la inversión?

Fuente: El Cronista
¿La construcción, puente entre la bonanza financiera y la inversión?
La Argentina tiene la oportunidad de consolidar, una vez que se formalice el canje para los bonistas que poseen títulos en default, un escenario de notable mejora de los indicadores financieros. La pregunta de fondo es si el Gobierno está interesado en avanzar por este sendero para tratar de obtener otras mejoras. El principal problema de gestión no es el financiamiento de corto plazo, sino la falta de profundidad que promete el proceso de recuperación en marcha, muy asentado en el consumo y por ahora lejos de la inversión.

Hasta ahora el canje luce bien. Aunque a los grandes bancos de Wall Street la oferta no les resultó demasiado simpática, la inclusión de un pago en efectivo para los minoristas puede favorecer una adhesión mayor a la garantizada por los títulos que ya están en manos de los organizadores, que es de 60%.

Las cifras que pueden torcer más favorablemente este resultado no tienen mucho misterio. Aunque la quita nominal es de 66%, levemente superior a la aplicada en el canje de 2005, medida en función del actual valor de mercado de los bonos la propuesta es muy distinta. En ese entonces, los tenedores recibieron u$s 35 por cada u$s 100 defaulteados, una cifra muy diferente de los u$s 51 que se reconocerán en la actualidad a los grandes inversores, o de los u$s 56 que recibirían los pequeños. Ese factor puede convertirse en la clave para desactivar los juicios que llevan adelante los acreedores tanto en EE.UU. como en Europa.

Si bien los bonistas aspiran a lograr una recuperación mayor por vía judicial, lo cierto es que el juez estadounidense Thomas Griesa ya advirtió que antes de fallar en contra medirá la intención que deja a la vista el gobierno argentino con esta oferta. Si el porcentaje de adhesión finalmente logra desactivar el fantasma de los embargos, el Ejecutivo no solo tendrá las manos libres para retornar a los mercados con propuestas más atractivas, sino que quedará más diluido uno de los factores esgrimidos en su momento contra el uso de las reservas del BCRA para el pago de deuda.

Este contexto no se resolverá de un día para el otro. Pero le permitirá al Gobierno enfrentar el resto de sus problemas domésticos con menos angustias.

A decir verdad, la única movida que lo inquieta por estos días es la que, con el aval del vicepresidente Julio Cobos, aspira a plasmar la coparticipación total del impuesto al cheque.

El oficialismo por ahora apelará a los argumentos reglamentarios. Eduardo Fellner, el titular de la Cámara baja, será la primera barrera. Si falla, la segunda instancia sería la Justicia. La respuesta final sigue siendo el veto presidencial, aunque también puede activarse otra amenaza tal vez más dañina: la promesa de recortar del presupuesto de obras públicas a ejecutar en las provincias una cifra de fondos similar a la que perderá la Nación por el cambio en el reparto impulsado por la oposición.

Los ruidos políticos no prometen sacudir demasiado a la economía. Las empresas ya están curtidas en este aspecto. Pero no hay que confundir las señales. El conflicto desatado por el manejo del Banco Central reveló que el 2010 no iba a ser el año de la recuperación a pleno, como todas esperaban, sino un período signado por la búsqueda moderada de oportunidades.

Así como aquellas que estaban más ligadas a mercados externos fueron las primeras en sufrir el impacto negativo de la crisis financiera del 2009, ahora aquellas que tienen su propia locomotora están empezando a tomar cierta ventaja. Es el caso de las automotrices, que ven con alegría la revisión al alza de los pronósticos de crecimiento de Brasil.

Las compañías que están más atadas al consumo doméstico tienen un presente positivo, pero con vectores que se neutralizan. La aceleración de la inflación está disparando la compra de algunos bienes de consumo durables. Una vez más se hace presente la tesis urbana de que es mejor ahorrar en productos que en dólares o en activos financieros con tasa negativa.

De todos modos, están apareciendo algunos puentes entre el repunte económico casi “transaccional” que se nota en el día a día y la necesidad de que aparezca la inversión. Uno de ellos es la construcción. Otro es la importación de maquinarias, que en febrero volvió a mostrar una variación positiva y anotó una recuperación interanual de 30%

Tal como recuerda el último reporte de Analytica, la construcción exhibe una recuperación de 9% desde el piso que tocó en el 2009. Los despachos de cemento portland, por ejemplo, rondaron en marzo pasado las 900.000 toneladas, valor que no se superaba desde septiembre de 2008. La consultora estima que de seguir este ritmo, la actividad podría crecer 12% anual.

Lo notable es que el mercado inmobiliario no se vio afectado por la recesión, sino todo lo contrario. El precio del metro cuadrado alcanzó nuevos picos el año pasado, lo que marca el renovado valor que se le adjudica al ladrillo como reserva de ahorro en épocas inflacionarias.

La mejora del PBI hoy continúa atada a los ingresos de la soja y las exportaciones. La política y la inflación no ayudan a recrear clima de negocios. Pese a todo, la inversión igual va a reaparecer.

Por Hernán de Goñi. Subdirector de El Cronista
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