Abrir
RAE 5
Estás viendo:
Real Estate en el Mundo
01-09
2011

¿Hay una burbuja de crédito al consumo en Brasil?

Fuente: CRONISTA.COM
¿Hay una burbuja de crédito al consumo en Brasil?
Desde un retrato pintado y una serie de fotos, la barbada imagen de Luiz Inácio Lula da Silva sonríe desde las paredes del modesto edificio municipal de Lauro de Freitas. Entre lujosas casas de playa y vastas favelas, este distrito de Salvador, capital del estado de Bahía, en el nordeste de Brasil, tiene mucho que agradecer al hombre que este año dejó el cargo de presidente del país. Casi 40% de los hogares del municipio reciben Bolsa Família, el programa social del gobierno de Lula da Silva. También tienen acceso a una serie de otros programas gubernamentales, como viviendas subsidiadas y el Restaurante Popular, que sirve almuerzos baratos para los necesitados.

La sensación de mayor prosperidad es evidente en la proliferación de tiendas por departamentos con descuento que venden electrodomésticos y televisores a cuotas, y también en la relativa paz que reina en Itinga, la gigantesca favela de la ciudad, que solía ser una de las más violentas de la región. Lula tenía más visión que cualquier economista, cualquier sociólogo, analista o financista, se entusiasma Moema Gramacho, el alcalde. Lauro de Freitas es considerado uno de los más exitosos ejemplos de Lulismo, como se denomina la combinación de dádivas sociales, generosos aumentos salariales, fácil acceso al crédito y economía estable propia de su presidencia; un modelo que habría sacado a 33 millones de personas de la pobreza en sus ocho años de gobierno.

Pero aunque el Lulismo es alabado en toda Latinoamérica y se lo considera una posible solución a los centenarios problemas de desigualdad y desarrollo atrofiado del continente, preocupa que pueda estar llegando a su límite en Brasil. Al igual que China e India, sus grandes pares emergentes, Brasil ha trepado en la última década para convertirse en un poder importante pero, también al igual que China e India, empieza a mostrar las tensiones del rápido crecimiento económico. Además, Brasil muestra señales de recalentamiento. Cuanto más siga creciendo así, mayor será el ajuste cuando llegue, y es inevitable que llegue en algún momento, dijo Neil Shearing de Capital Economics, en Londres.

Pese a estar en medio de uno de los más fuertes ciclos en el precio de los commodities, Brasil gasta más de lo que gana e invierte poco. La inflación y el endeudamiento de los consumidores está en alza y el real se fortaleció 46% en dos años y medio. Los más pesimistas advierten que el modelo de Lula corre riesgo de degenerar en una burbuja crediticia.
Voces más optimistas descartan estas predicciones, pero coinciden en que Brasil debe tomar decisiones cruciales y necesita hacer reformas profundas para que la economía más grande de Latinoamérica pueda sostener sus rápidas tasas anuales de crecimiento. El modelo de Lula es incompleto. No invertimos lo suficiente para crecer rápido, por esto tenemos tropiezos, dijo Arminio Fraga, un ex presidente del Banco Central brasileño que es fundador de Gávea Investimentos, un fondo de cobertura.

Nadie disputa los éxitos de Lula da Silva, quien puso tecnócratas en el Banco Central y el ministerio de Finanzas para asegurar estabilidad macroeconómica y reformó las leyes de quiebra para que fuera más fácil para los bancos conceder créditos. Además, Lula tuvo buena suerte. China empezó a absorber las exportaciones brasileñas de mineral de hierro, soja y otros commodities. En 2009, el país asiático superó a EE.UU. como el mayor socio comercial de Brasil y ayudó a éste a superar la crisis financiera global.

Como presidente, Lula volcó miles de millones de reales en préstamos subsidiados del BNDES, el banco de desarrollo. Y cuando le transfirió el mando a Dilma Rousseff, en enero, Brasil crecía a una tasa de 7,5%. El hombre que ni siquiera tenía una educación primaria había logrado algo que pocos de sus predecesores habían conseguido: darle a los brasileños un sentido de propósito común. Los ricos, la clase media y los pobres, súbitamente estaban todos tirando más o menos en la misma dirección. Realmente Lula cambió de muchas maneras la trayectoria de Brasil, señaló Susan Segal, presidenta del Americas Society/Council of the Americas, un foro político y empresarial con sede en EE.UU.

Sin embargo, Lula también le dejó a Rousseff una economía llena de desequilibrios. El auge mundial en los precios de los commodities mejoró 30% los términos comerciales de Brasil la diferencia entre lo que gana por sus exportaciones y lo que paga por sus importaciones pero en lugar de usar parte de esto para reducir deuda y aumentar el ahorro, el país lo ha estado gastando todo, y sumando importaciones, como los electrodomésticos chinos, lo que condujo a un déficit de cuenta corriente de alrededor de 2,3% del PBI en el año a mayo. Una brecha financiada por los inversores globales.

El modelo de Lula depende de que los precios de las exportaciones sigan subiendo, así las importaciones también pueden aumentar, opinó Tony Volpon, de Nomura en Nueva York.
Brasil ha tratado de limitar la inversión extranjera a través de controles de capital, pero ahora tiene un problema más apremiante: la inflación. El índice de precios al consumidor superó la meta del Banco Central de 6,5%. El Banco incrementó cuatro veces las tasas de interés este año, a su actual nivel de 12,50%. Aunque esto atrae flujos de inversión de los países desarrollados, lo que fortalece más el real, el gobierno de Rousseff tiene pocas opciones, ya que una vuelta a los tiempos oscuros de la desatada inflación brasileña podría costarle las próximas elecciones. El ministro de Finanzas Guido Mantega le dijo este mes al Financial Times: La inflación es mi permanente preocupación.

En parte, la inflación se debe al rápido crecimiento del crédito, especialmente entre los consumidores. Observadores como Paul Marshall y Amit Rajpal, de Marshall Wace, un fondo de cobertura con sede en Londres, sostienen que Brasil podría sufrir una crisis de crédito para el consumo. En promedio, los tomadores de préstamos minoristas gastan un cuarto de su ingreso disponible en pagar el servicio de su deuda, comparado con sólo 16% en EE.UU. Los defaults están en alza. Serasa Experian, una agencia que monitorea el crédito, dijo recientemente que el índice de impagos entre los consumidores trepó 22% entre enero y junio, el mayor incremento en nueve años. El consumidor enfrenta una reducción en su poder de compra y un aumento en su endeudamiento, comentó la agencia, responsabilizando a la inflación y al ciclo de ajuste del Banco Central.

Otros analistas son más optimistas: señalan que el sector hipotecario es muy pequeño y alrededor de 60% de los préstamos son a tasa de interés fija, lo que los hace más seguros según dijeron Roberto Attuch y Fabio Zagatti, de Barclays Capital. Además, la mayoría son a corto plazo.

Pero aún si el crédito al consumo no presenta un riesgo para el sistema financiero, la incógnita es saber hasta cuándo continuará impulsando la economía. Aunque el banco central pronostica un crecimiento de 15% en el crédito este año, nadie sabe cuánta deuda pueden soportar los hogares. Los economistas dicen que, si el crédito al consumo se desacelera, Brasil debería incrementar la inversión en infraestructura y educación para evitar cuellos de botella en logística y mejorar la productividad. El gobierno busca invertir miles de millones de dólares en infraestructura a través de su programa de crecimiento acelerado, pero hasta ahora los progresos han sido lentos.

La mejor manera de financiar la inversión, según los analistas, sería incrementar la eficiencia del sector público. Sin embargo, aunque Rousseff trató de bajar los costos este año, parece improbable que puedan hacerse reformas más ambiciosas para poner límite a las jubilaciones del servicio público, por ejemplo. “El gobierno ha crecido de manera inexorable, lo que lo hace menos flexible por si Brasil tiene alguna vez una crisis y necesita ajustar el cinturón. Esta es una debilidad; creo que es la debilidad en el modelo”, opinó Ken Rogoff, profesor de la Universidad de Harvard.

Claro que el milagro económico brasileño sigue intacto por ahora. Y con el Mundial de Fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos, dos años después, la nación pocas veces tuvo una chance mejor para sacudirse el clisé de ser “el país que siempre será el país del futuro. Pero el gobierno de Rousseff tendrá que mostrar primero cómo planea aumentar la inversión mientras reduce la dependencia de la economía de los volátiles precios de los commodities y los excesos en el crédito para el consumo.

FUENTE: CRONISTA.COM
Compartir
Compartir
Deja un Comentario
Puedes realizar un comentario sobre cualquier aspecto relacionado a esta nota, a través del siguiente formulario Los comentarios serán moderados por el equipo de elinmobiliario.com con el solo fin de preservar normas de respeto, buenos modales y pertinencia a la nota en cuestión
Nombre:
E-mail:
Comentario:
0 Comentario