Albert Einstein afirmaba que para poder explicar y afrontar la realidad, ésta debe simplificarse, no hacerla ilusoriamente más simple. Saber simplificar situaciones complejas es cualidad de los líderes; presentar como sencilla cualquier cosa que, en cambio es complicada, es defecto de aficionados. Se intuye hoy que en todo el mundo occidental se busca explicar la crisis económica en modo aparentemente simple, indicando soluciones fácilmente realizables en breve término, pero sin preguntarse si estas presuntas soluciones pueden incluso agravar la crisis misma.
La deuda pública contraída por varios países no se ha producido en contextos asimilables ni puede, por lo tanto, analizarse de forma homogénea. En realidad su dimensión, su costo, la posibilidad de renovación a su vencimiento —variables que tanto preocupan a mercados y gobiernos— se puede reducir y absorber, en una fase de dificultades como la actual, sólo con el crecimiento económico. La presión fiscal en todas sus formas, sin una verdadera estrategia de crecimiento sólo permite incrementar el gasto público sin traer aparejado desarrollo. El crecimiento, en un momento como el presente, se obtiene sólo con la utilización oportuna de los recursos disponibles, instituyendo el marco propicio para que se desarrollen actividades creadoras de riqueza y ocupación sostenible. Entre estas actividades la
inmobiliaria es una de las más dinámicas: el sector de la
construcción y otras actividades conexas constituyen aproximadamente el 9% de la mano de obra mundial y el 6,5% del PBI.
¿Qué sucede en la microeconomía de los inversores? Los precios de los
inmuebles dependen en gran medida de la cantidad de dólares que hay en plaza, donde se presentan perspectivas positivas. Por un lado, nuestras exportaciones son demandadas por miles de millones de habitantes países emergentes que no dejan de crecer. Por otro, las
inversiones alternativas escasean y las tasas de referencia tienden a cero (la Reserva Federal ha anunciado que mantendrá la tasa en 0,25% hasta 2013). En este contexto cada vez más agentes económicos se acercan a
invertir en inmuebles.
Muchos de estos inversores provienen del campo y de los sectores exportadores. Muchos tienen formación financiera, técnica y jurídica, y exigen mayor pericia a sus interlocutores. Esto ha hecho que la actividad inmobiliaria se vaya profesionalizando cada vez más.
¿Qué pedirle al nuevo gobierno? Reglas de juego claras y políticas que fomenten la inversión. Presentar a la mayor presión fiscal sobre los sectores productivos como sinónimo de solidaridad es, en términos de Einstein, una simplificación ilusoria. Impuestos altos penalizan el ahorro, generando desconfianza en la capacidad de estimular la recuperación; golpean a las familias e impiden la formación de otras nuevas; crean incertidumbre y precariedad laboral. En síntesis, no permiten un verdadero desarrollo económico sostenible.
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