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| ANÁLISIS DE COYUNTURA |
Como bien dice Melconian, con esta inflación y con las pujas políticas y económicas que se han desatado, no tiene sentido debatir sobre el enfriamiento de la economía, simplemente porque va a haber enfriamiento. Cada uno de nosotros hoy vive una realidad más incierta, con ingresos devorados por un costo de vida disparado, y con una incertidumbre política permanente. Nos dirán que la Argentina produce alimentos y que el mundo desespera por comprarlos a precios cada vez más altos. Nos dirán que estamos frente a una oportunidad histórica gracias al "desacople", y que la crisis de los países desarrollados, con epicentro en el real estate, virtualmente no nos afecta. Probablemente todo eso sea cierto y nos da esperanzas, pero al mismo tiempo vemos todo lo demás que nos da, simultáneamente, bronca y temor.
En ese contexto, veo un mercado inmobiliario diferente. Por varios años disfrutamos de una robusta y sostenida demanda inversora en ladrillos ante la falta de mejores alternativas y emergente de los elevados niveles de rentabilidad que ofrecía nuestro sector. Claramente creo que nos dirigimos hacia un escenario que se caracterizará por tener un menor volumen de transacciones y una demanda más débil, aunque paradójicamente ello pueda venir acompañado por un aumento de precios de las propiedades. Es, sin ir más lejos, el reflejo de la situación macro: precios que suben, economía que se enfría.
El valor de los inmuebles ha subido de manera muy pronunciada desde la salida de la Convertibilidad. En mi opinión es perfectamente posible que esta tendencia se morigere en términos relativos, pero no se detenga ni se invierta como está ocurriendo en Miami o en Madrid. En efecto, aunque aquí se haya construido mucho, los que invirtieron viven hoy una realidad muy diferente a la de los norteamericanos o los españoles. Mientras que allí de repente la gente piensa que no tiene sentido seguir pagando una hipoteca por una casa que cada día vale menos que su deuda, acá, los que compraron departamentos en el pozo que ya están terminados, no tienen ningún apuro en vender si no logran valores que satisfagan sus expectativas de rentabilidad.
Al no haber recesión, ni apremios financieros generalizados, ni siquiera mejores opciones de inversión que los ladrillos en el incierto escenario local e internacional actual, la gente se vuelve mucho más cuidadosa antes de tomar una decisión de venta de su propiedad y simplemente espera. Incluso el incremento de los costos de la construcción emergente de la inflación, una posible corrección cambiaria y el estrechamiento de los márgenes de rentabilidad de los developers, hacen que éstos también procuren subir sus precios de venta.
La gran pregunta que surge es: ¿habrá demanda a los nuevos valores? Es difícil saberlo, aunque me animo a vaticinar que muy probablemente no tanta, y menos aun con el COTI de por medio. Y allí aparece la contraparte de esta misma realidad: quien hoy no esté invertido en ladrillos, quizás prefiera esperar con su liquidez disponible acá o afuera, antes que alocarla en activos fijos en el país. En resumen, creo que cabalgaremos por algún tiempo en un entorno en el cual los precios de los inmuebles mostrarán un desfasaje relevante entre los valores a los cuales estarán dispuestos a vender los que tengan propiedades, y las ofertas que se recibirán de quienes se tienten por transformar cash en ladrillos en esta compleja Argentina.
Leer el resto de la nota y las conclusiones en: http://www.reporteinmobiliario.com/nuke/modules.php?name=News&file=article&sid=1171
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